ESLOVENIA : Versión V

DRAGONES, MUCHOS. LAGOS Y MONTAÑAS, TAMBIÉN.
TORTAS Y CISNES.
Aguante Eslovenia.

Algunas notas sobre mi paso por Eslovenia. O Eslovenia, como le encanta remarcar a los negocios de merchandising locales.

1. Liubliana

Es que más allá del chiste malo sobre Love – y Es-love-nia y amor y etc, etc; «Liubliana» deriva de «Luba», es decir, «la amada». Tengo que confesar que yo también la amé.

Es una de las capitales más chicas de Europa y según mi recuerdo, pareciera que hay más estatuas de dragones que habitantes. Esto es porque según la creencia popular, un dragón fue justamente el primer poblador de estas tierras. Mito o realidad, para los eslovenos el dragón es un símbolo de la ciudad y del país; y con el tiempo pasó de ser una figura temida, a un referente y protector. Tanto es así, que aparece en el mismísimo escudo.

2. Los Puentes

Los puentes son un hit en Liubliana. Justamente uno de los más importantes se llama el Puente de los Dragones (¡oh, sorpresa!)

Creo que este fue mi favorito por la combinación perfecta entre la Iglesia de la Anunciación (la más famosa de la ciudad), el río Ljublianica, una hilera de edificios elegantes y muchos sauces llorones.

Nunca terminé de decidir de qué lado de la rivera prefería caminar, o si me gustaba más como se veía todo de día, o de noche. Así que exploré todas las variables posibles, de sol a ocaso, de este a oeste.

3. El Castillo

Y como buena ciudad con historia medieval y leyendas mitológicas, el otro ícono de Liubliana es su castillo. Acá también me dediqué a buscar diferentes ángulos para apreciarlo.

Un día quise mirarlo de igual a igual, así que subí a un bar-mirador, para verlo mientras le caía encima la noche.

Y en otra ocasión me digné a subir la colina y pisarlo. Tengo que confesar, que por dentro, la visita no me impresionó. Pero lo que sí me cautivó fue la vista que el castillo me regaló desde su torre más alta:

Quién pudiera ser castillo, y tener Liubliana a sus pies, ¿verdad?

4. Kranj

Un día quise hacerme la original, la aventurera. Busqué destinos inusuales, lejos de la capital, para adentrarme en la Eslovenia profunda.

Me llevé un fiasco grande. Primero caí en Kranjska Gora. Un bello centro de ski, totalmente fuera de temporada ya que Julio es el mes por excelencia del verano europeo.

Me di revancha y entonces me subí a un bus a Kranj. Había leído algo sobre este pueblo en un blog. Básicamente lo que Kranj me dejó fue un lindo paseo por una peatonal pintoresca y totalmente desprovista de gente; y una vista paranorámica interesante. Acá están:

5. Bled

Después de un par de días, cambié castillos, puentes y dragones por islas y lagos. Estoy hablando de Bled; claro, la «estrella» de Eslovenia.

¿Y qué hace a Bled tan especial? Yo creo que es su lago, de un color entre turquesa y verdoso, que tiene una isla artificial en el centro sobre la que se alza una iglesia. Todo esto en un entorno de montañas de Los Alpes, claro.

6. La Torta

Sí, la torta Bled merece un apartado especial. Este invento maravilloso nació en uno de los puntos icónicos de Bled, un hotel-residencia que justamente se llama Vila Bled y que incluso albergó a personalidades de la realeza europea.

Me senté en el elegante restaurante del hotel, para disfrutar de este espectáculo de crema y hojaldre:

Dios bendiga las tortas eslovenas

Ahora, si como me pasó a mí, esta torta se vuelve la única compañía mientras esperás que pase una tormenta torrencial de verano, toda la experiencia se vuelve mística.

Altamente recomendado.

7. La Isla

Ahora, la pregunta es, ¿cómo llegar a la isla? Las formas más convencionales son dos:

  • La primera es ir en Pletna, la típica embarcación del lugar. Los Pletnas son a Bled lo que las góndolas a Venecia, y funcionan muy similarmente. Se le paga al «pletnero», para que te cruce a la isla. Todo a un módico precio de más de 10 euros, por un viaje que dura 15 minutos…

  • La segunda opción más popular es alquilar un kayak, y remar hasta la isla.

¿Sugerencia? Vaya por la opción 3. Consígase 2 simpáticos compañeros australianos, y nade hasta la isla. Es bastante más barato y divertido.

Una vez en la isla, la principal atracción es la iglesia. Hay que subir 99 escalones y pagar 6 euros para poder tocar la campaña y pedir un deseo (?). La primera parte la hice, la segunda, no. Ni pensaba pagar para tocar una campana, ni me iban a dejar entrar a una iglesia en bikini y empapada como llegué…

8. Bohinj

Cerca de Bled, hay otro pueblo que es quizás aún más mágico que Bled, si es que eso es posible. Se trata de Bohijn.

Creo que cuando un lugar está lleno de turistas locales, es un buen augurio. Los eslovenos saben adónde ir, y entonces van a Bohijn. Y Bohijn les responde con un lago de ensueño donde acampar, hacer pic-nics, y obviamente, disfrutar de un chapuzón en un agua tan límpida como congelada.

Paisaje increíble mata frío, así que le pedí a mi termostato que hiciera un esfuerzo y me dejara disfrutar de unos minutos de nado en el paraíso:

9. Los Alpes

Ya fueron apareciendo en varias fotos y todavía no me digné a presentarlos formalmente. Efectivamente, las cadenas montañosas que rodean Eslovenia y que la separan de Austria e Italia, son los Alpes.

Esta parte de los Alpes se denomina Alpes Julianos. Mi mayor conexión con ellos tuvo lugar precisamente en Bohijn, cuando gracias a las recomendaciones de una simpática extraña, me tomé un teleférico que me subió al Mont Vogel y me sorprendió con, ni más ni menos, que esta vista:

Amates del trekking, la montaña y cualquier cosa que se parezca al sur Argentino, ya saben a dónde ir.

10. Postjona

Mi última parada en Eslovenia fueron las cuevas de Postjona: unos túneles subterráneos repletos de estalgmitas y estalactitas. La excursión consiste en subirse a un tren que atraviesa las cuevas, de la mano de un guía que va dando una importante lección de Geografía. Diferente. Curioso. Interesante.

Aunque lo que más me gustó de Postjona es su habitante estrella: el «pez-humano» o también conocido como «cría de dragón«. Como no podía ser de otra forma en Eslovenia, por mucho tiempo se creyó que estas creaturitas eran los bebés de un temible dragón que habitaba la cueva. Miren al amenzador animal:

Yo también lo pensé, llevarme uno de recuerdo. Pero tristemente no están a la venta.
Conclusión

Eslovenia: gran destino gran. ¿Querés una ciudad histórica, con calles empedradas, puentes y castillos? Liubliana te espera.

¿Preferís aventura en la altura de los Alpes Julianos, explorando montañas y lagos, y tal vez, haciendo algo de camping? Bohinj es tu lugar.

Cascadas hay en todos los puntos cardinales del país, e historias sobre dragones, también.

Es indispensable probar los lácteos y todos sus derivados, que son de calidad suprema; y las tortas, que son aún mejores.

Si me preguntan a mí, me quedo acá, en Bled, mirando el lago y tomando algo con amigos.

Nos vemos en la versión B. O en otro destino. O en Bled. ¡Adiós!

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